ola es 1916 i tengo miedo aiuda

El trepidante sonido retardado de la artillería lejana crepitaba dentro de las trincheras desde muy temprano en la madrugada, durante las cálidas noches de septiembre. Una de las figuras no permanecía inmutable ante el tronar de los obuses y el silbido de los proyectiles ocasionales, lo que creaba una disonancia entre el sitio donde el resto de su escuadra dormía semiconsciente sobre camas improvisadas.

Travis LeBlanc jamás se acostumbró a la humedad, a los gritos, al hedor de la pólvora y la putrefacción. Nunca sintió familiaridad con las frías paredes de lodo que le rodeaban como una cámara que amplificada cada uno de los sonidos del exterior, privándole de sueño una vez más. Su mente era la de un artista consagrado y frustrado ante un escenario que no era el suyo. Un actor foráneo que se ve forzado a interpretar un papel que no ha preparado, ni debía hacer. Tampoco era como si una persona pudiera acostumbrarse a estar tanto tiempo bajo tierra subsistiendo tan cerca de la muerte y sin tener un solo día de descanso adecuado, pero la aceptación psicológica y la esperanza de terminar la guerra creaban una ilusión que ayudaba a continuar. Travis no la sentía. Era tan ajeno a su realidad, como un actor parlanchín a todo color en una cinta muda.

Sin embargo, se esmeraba en solo prestarle atención a su arte. Llevaba consigo un tallado al que dedicaba bastante de su tiempo libre, que siempre se veía diferente desde cualquier ángulo

(…)

Mi público serán los cuerpos de mis amigos caídos, los ojos vacíos de los que sucumbieron antes que yo.

Mi ansiado mutis es ahora.

Mientras el Artista realizaba su último movimiento, su Obra terminaba con una última cincelada, la cual se hendía cuidadosamente en la entrada mientras escribía la palabra "Adieu" a sus pies, tirando cuidadosamente. Su inglés no era del todo bueno, el cual entremezclaba inconscientemente con palabras en francés en su monólogo, el cual concluía afirmando: "Yo no quiero estar aquí, no quiero ser parte de esto. Mi lugar es otro. Solo espero que me perdonen".

Era tomar una vida, o perder la propia. No había término medio, ni consideración alguna de moralidad, dogmatismo o leyes. Las cuestiones filosóficas y morales, los sentimientos, el resquemor, el arrepentimiento, la complicidad ante un acto negativo. La pena, la frustración, el individualismo. Todo ello era secundario.

Ese era el frío credo de la guerra.

(…)

Si existe otra vida más allá, solo pido que mi última pregunta sea respondida cuando llegue.

¿Soy genial ahora?

Si no se indica lo contrario, el contenido de esta página se ofrece bajo Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 License