-30°C en una base antártica del Sitio-34

Continuación no oficial de este relato

Iván Kolessov, una instalación enorme y brutalista cuyas superficie angulosa contrastaba con el doloroso tono cándido de la nieve, como un preludio de violín y contrabajo antes de una escena violenta en una tragedia teatral. En tierra de nadie, a cientos de kilómetros de distancia de la civilización moderna, escondida tras incontables capas de hielo e imposible de localizar si no se sabía dónde buscar.

Pese a estar administrada por el Sitio-34, la misma contaba con una autonomía sin precedentes, y aunque quedaran aislados de sus proveedores, podrían sobrevivir durante años: podían hacer crecer sus propios alimentos, reciclar agua del mismo hielo, y generar energía para generaciones. Sin embargo, esto mismo les hacía un sitio extremadamente aislacionista, cuyo contacto con otras almas se reducía a las transmisiones encriptadas del Sitio-34.

La única forma de llegar ahí era a través de jet. Ningún helicóptero podía soportar las crudas condiciones ni la lejana distancia a cubrir, y eso también implicaba que eran la única forma de abandonar la base. Los hangares donde se guardaban los jets eran un sitio increíblemente blindado y protegido, pues si algo les sucedía, no habría forma de salir de allí. En caso de un desastre global, si la Fundación caía, los ocupantes de la base tendrían que aguantar ahí indefinidamente si no tenían cómo evacuar.

En uno de estos jets, a las 0845, iba el agente Mujica, con un tono desconsolado en su rostro, y un sorprendemente sereno Von Braun, mirando la sempiterna blancura allá afuera a través de la ventana. Pese a la prematura cesión de varios planes que tenía para esos días, la peor de las fortunas decidió que él sería el científico que supervisaría la operación de extracción de hielo exótico. Pese a que el arquitecto de su destino en ese yermo congelado había sido su colega, el Dr. Castillo, él no tenía cómo saberlo; simplemente recibió el aviso de O5-7 de que había sido "seleccionado". Usar el orgullo por los logros era una maniobra sutil pero efectiva en la Fundación para conseguir que el personal aceptara las misiones más peligrosas, complejas, y, en este particular caso, aburridas y carentes de estímulos.

—Solo serán treinta días. Ni más ni menos —dijo para sí Von Braun, mientras Mujica le miraba, un rostro que exponía la etapa de negociación, una tenue esperanza de que pudieran abandonar el sitio antes, y que recibía un aspecto de aceptación del Doctor.

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